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miércoles, 28 de enero de 2009

DOS BEBES EN UN PESEBRE REFLEXIONES CATOLICAS




DOS BEBES EN UN PESEBRE

En 1994 dos americanos respondieron una invitación que les hiciera llegar el
Departamento de Educación de Rusia, para enseñar moral y ética en las escuelas
públicas, basada en principios bíblicos.

Debían enseñar en prisiones, negocios, el departamento de bomberos, de la
policía y en un gran orfanato. En el orfanato había casi 100 niños y niñas que
habían sido abandonados, y dejados en manos del Estado. De allí surgió esta
historia relatada por los mismos visitantes:

Se acercaba la época de las fiestas de 1994, los niños del orfanato iban a
escuchar por primera vez la historia tradicional de la Navidad. Les contamos
acerca de María y José llegando a Belén, de cómo no encontraron lugar en las
posadas, por lo que debieron ir a un establo, donde finalmente el niño Jesús
nació y fue puesto en un pesebre.

A lo largo de la historia, los chicos y los empleados del orfanato no podían
contener su asombro. Algunos estaban sentados al borde de la silla tratando de
captar cada palabra. Una vez terminada la historia, les dimos a los chicos tres
pequeños trozos de cartón para que hicieran un tosco pesebre. A cada chico se
le dió un cuadradito de papel cortado de unas servilletas amarillas que yo había
llevado conmigo. En la ciudad no se podía encontrar un solo pedazo de papel de
colores.

Siguiendo las instrucciones, los chicos cortaron y doblaron el papel
cuidadosamente colocando las tiras como paja. Unos pequeños cuadraditos de
franela, cortados de un viejo camisón que una señora americana se olvidó al
partir de Rusia, fueron usados para hacerle la manta al bebé. De un fieltro
marrón que trajimos de los Estados Unidos, cortaron la figura de un bebé.

Mientras los huérfanos estaban atareados armando sus pesebres, yo caminaba entre
ellos para ver si necesitaban alguna ayuda. Todo fue bien hasta que llegué
donde el pequeño Misha estaba sentado. Parecía tener unos seis años y había
terminado su trabajo. Cuando miré el pesebre quedé sorprendido al no ver un
solo niño dentro de él, sino dos. Llamé rápidamente al traductor para que le
preguntara por qué había dos bebes en el pesebre. Misha cruzó sus brazos y
observando la escena del pesebre comenzó a repetir la historia muy seriamente.

Por ser el relato de un niño que había escuchado la historia de Navidad una sola
vez estaba muy bien, hasta que llegó la parte donde María pone al bebé en el
pesebre. Allí Misha empezó a inventar su propio final para la historia, dijo:
"Y cuando María dejó al bebé en el pesebre, Jesús me miró y me preguntó si yo
tenía un lugar para estar. Yo le dije que no tenía mamá ni papá y que no tenía
un lugar para estar. Entonces Jesús me dijo que yo podía estar allí con El. Le
dije que no podía, porque no tenía un regalo para darle. Pero yo quería
quedarme con Jesús, por eso pensé qué cosa tenía que pudiese darle a El como
regalo; se me ocurrió que un buen regalo podría ser darle calor. Por eso le
pregunté a Jesús: Si te doy calor, ¿ese sería un buen regalo para ti? Y Jesús
me dijo: Si me das calor, ese sería el mejor regalo que jamás haya recibido.
Por eso me metí dentro del pesebre y Jesús me miró y me dijo que podía quedarme
allí para siempre."

Cuando el pequeño Misha terminó su historia, sus ojitos brillaban llenos de
lágrimas empapando sus mejillas; se tapó la cara, agacho la cabeza sobre la mesa
y sus hombros comenzaron a sacudirse en un llanto profundo. El pequeño huérfano
había encontrado a alguien que jamás lo abandonaría ni abusaría de él. ¡Alguien
que estaría con él para siempre!

Y yo aprendí que no son las cosas que tienes en tu vida lo que cuenta, sino
quienes tienes, lo que verdaderamente importa.

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